El tema de hoy transita sobre la incomunicación, los límites y la paciencia. Como muchos
sabéis estoy realizando un vaciado interior y exterior en mi vida. A nivel
interno estoy desprendiéndome tanto de apegos, conceptos, juicios, exigencias
-sobre todo propias-, mochilas emocionales, incluso de ciertos círculos y
personas en concreto. Me he dado cuenta que eso es mucho más fácil de hacer si
también hago limpieza exterior. Es casi imposible realizar una sin otra.
Llevar al acto es
tomar las riendas de forma eficaz. No se resuelve nada yendo al terapeuta x
años si luego no haces cambios reales en tu vida diaria. Lamentarse, quejarse,
poner tus propias orejas y las ajenas como un bombo no conduce a nada más que a
la amargura y al estancamiento… y, generalmente, también a las pérdidas.
Perdemos a quienes queremos sin darnos cuenta de que hemos sido nosotros
quienes los hemos alejado. Es más ‘cómodo y satisfactorio’ echar la culpa a los
demás, a las circunstancias, a la mala suerte, a Dios… o al diablo. Da igual la
excusa. No lleva a nada ‘entender’ el origen de tus problemas o conflictos si
luego no trabajas para sanar lo que sea que haya que resolver, ya sean
adicciones o enfermedades de todo tipo, emociones, relaciones personales, de
trabajo, familiares o de amistad. En especial, la relación con uno mismo.
Los cambios
externos ayudan a asentar el trabajo interior. De ahí que
estoy vendiendo muchísimas cosas en Segunda Mano y otros medios para
desapegarme de cosas que, aunque en su momento cumplieron una función, hoy en
día ya no. Solo provocan un acumule de espacio y polvo físico y, por otro,
polvo mental y emocional. Al principio cuesta. Empiezas publicitando que vendes 'esto' y enseguida aparece el 'chantajista' de turno para hacerte sentir mal o culpable:
“¡¡¡¿Cómo eres capaz de vender o deshacerte de esto que era de x persona?
¿o que yo te regalé?
¿o que
es tan bonito?
¿o cómo puedes desprenderte de ese libro?!!!!”.
Muchos son
los comentarios. Si sucumbes a las presiones resulta que tampoco te sientes
feliz, se te queda un nudo ahí de rabia o de lo que sea. Total que para satisfacer
las neurosis y apegos de otros y no 'dañarles' acabas 'dañándote' tu mismo. Eso
no es respetar ni respetarse. El juego es aceptarnos unos a otros tal como somos y no imponer como deseamos que sean, de eso se trata. Me sonrío porque yo misma he estado con estos
apegos y absurdas lealtades y exigencias emocionales toda mi vida. Creo que a la mayor parte
de la gente le pasa o le ha pasado, así que imagino entendéis de lo que hablo.
No me siento especial de nada, simplemente es mi camino y lo que quiero hacer,
tan respetuoso y válido como cualquier otra opción. Nuestras creencias y
necesidades van cambiando a lo largo del tiempo. Y esta es la mía ahora. Ni
mejor ni peor que las de antes o las que vendrán.
Así que poco a poco estoy desprendiéndome de objetos.
Fluir con la vida. Todo pasa. Nada
es permanente. Tanto para lo bueno como para lo malo. Hace unos días leí una frase
que me gustó mucho. Decía:
“No te preocupes...
el peor día de tu vida solo durará 24 horas"
Me reí muchísimo al mismo tiempo que me removió
las tripas. Es bueno marcarse tiempos y límites. Es sano para nosotros mismos y
para nuestro entorno. Aplicable también a los momentos de felicidad, paz y éxito
apoteósico. La vida es una suma de momentos.
¡El mejor o el peor día de tu vida solo durará 24 horas! Lo que suele ocurrir es que encadenamos un día tras otro formando
semanas, meses y años. Hace tiempo un profesor dijo que no teníamos
que huir del dolor, de la tristeza, de la amargura, de la ira, la rabia, etc.
Pero lo que no debíamos era consentir que ese sentimiento y esos recuerdos nos
condicionaran el resto de nuestras vidas o, incluso, el resto de ese mismo día.
Como deseo que este blog sea esencialmente práctico, voy
a compartir la dinámica que propuso.
Consiste en dedicar un tiempo cada día para lamentarnos, enfadarnos o despotricar sobre el
tema que nos acucia. Pueden ser diez, veinte, treinta minutos cada día... ¡Y no
más!. Esto es muy importante. Y expresarlo por escrito o gritando. Permitirnos
llorar, insultar, maldecir, ser injustos, perder las formas, etc. Es un
ejercicio para realizar absolutamente a
solas. No vale descargar nuestra mierda en la persona de turno, sea quien
sea. Una vez pasado el tiempo acordado por uno mismo (ponerse alarma con ese tiempo) seguir con tu vida diaria y no dedicarle
más pensamientos de amargura o rabia hasta el día siguiente para otro tiempo acotado. Es algo
que realmente funciona y ayuda a soltar y encauzar tu vida. Sobretodo sirve
para transitar los duelos y las pérdidas de todo tipo. En ocasiones se nos pasa
la vida entera y, de repente, te encuentras al final de ella preguntándote:
- ¿Era ese apego tan importante?
- ¿Acaso por apegarme a 'esto' ya sea objeto, emoción, persona,
proyecto, herida, obligación, creencia, autoexigencia... he dejado de vivir
mis otros sueños?
Y pongo ‘otros’ porque normalmente solemos tener varios,
solo que los encerramos en el cuarto oscuro. Los sueños que la
mayoría tenemos suelen ser cosas muy sencillas: permitirte una hora o un día de descanso,
de salir con tu pareja a solas o con tus amigos, de ir a la playa o a la montaña, de hoy no
voy a hacer nada, de saltarte la dieta, de llamar a fulanit@, de mañana
entregaré el informe, de ir o no ir al gimnasio, de ir y disfrutar de la función de tu hijo, de regalarte algo que te gusta... Cosas así. Pero ‘los
debería’ y ‘los he de’ abundan en nuestras agendas y son estas pequeñas
‘posesiones’ (apegos) las que, sin darnos cuenta, se apoderan de nosotros y van
formando innumerables y delgados hilos que te atan a una vida que, en el fondo,
no deseas (o sí) o que se te queda ampliamente corta (¡valga la paradoja de la
expresión!).
Me viene a la cabeza la imagen de Gulliver en la playa
inmovilizado por los liliputienses por cientos de finísimas cuerdas. ¡Tan
grande él y, sin embargo, tan impotente ante la fuerza de esas apenas
invisibles y delgadas ataduras! ¿Quién no se siente así en su día a día?
Bueno, hasta aquí la primera parte de este artículo.
Intento no enrollarme demasiado y todavía no lo consigo, jejejejejj. ¿Apego a
querer explicarlo todo? Sé que es imposible y esa es una de mis neuras y autoexigencias. En fin, en la próxima entrada hablaré sobre la
incomunicación y la paciencia que era mi propósito inicial y hoy se me ha ido
el oremus por ahí.
Le he dedicado tiempo a los límites y el respeto, conceptos
que algunas personas confunden con egoísmo en su peor acepción. Parece ser que
hacer lo que deseas o como quieres ser y vivir es ser egoísta; en cambio, cumplir lo que otros
desean y te exigen (en contra de tus necesidades, creencias o forma de ser) es ser bueno y
generoso o, como mínimo, ‘correcto’. No pueden ver la
viga en sus propios ojos. ¡Puag! Asco de educación viciosa que hemos recibido…
A mi me ha costado 50 años re-educarme. :-)


